Es tiempo de la madre tierra
Guadalupe Ríos
El 5 de Junio es el Día Mundial del Medio Ambiente. Fecha propicia para analizar cómo estamos y hacia dónde vamos en materia ambiental y quiero abordar aquí un solo tema para ver cómo estamos en Oaxaca en incendios forestales.
Oaxaca se está incendiando desde hace meses, igual que gran parte del país y no es precisamente por la violencia y el crimen organizado, tampoco por el proceso electoral que solo calentó los ánimos, sino literalmente se está quemando con fuego real que arrasa a su paso con todo, vegetación, árboles, selva, bosques, fauna incluso viviendas y vidas humanas.
Hoy son 16 los incendios forestales activos que tiene registrados la Coesfo, pues anoche comenzaron dos más, uno en la sierra norte o sierra Juárez en Capulalpam de Méndez y otro en la zona triqui en la región de la Mixteca.
Unos se sofocan y otros se reavivan como ocurre en Tepelmeme en la mixteca y en San Pablo Villa de Mitla en Valles Centrales. El daño es incuantificable aún aunque la Conafor adelanta que la superficie afectada es superior a las 64 mil hectáreas. El tiempo de recuperación en muchos casos supera los 60 años.
Y es que el esfuerzo y las acciones que han hecho las autoridades municipales, comunales, ejidales, protección civil, la sociedad civil y particulares con iniciativa personal junto con dependencias del gobierno estatal y federal para sofocar o prevenir los incendios no han sido, ni son suficientes. La sequía y el cambio climático, la tercera ola de calor son factores que confluyen para complicar el panorama y las acciones determinantes para solucionar el problema no se ven cerca.
La emergencia nos rebasó a todos, también a los medios de comunicación que terminamos replicando los videos de las redes sociales que los propios combatientes o vecinos hacían con sus teléfonos celulares sin mayor explicación ni datos claros. Tampoco se tienen cifras exactas ni el impacto del daño que los incendios forestales dejarán a la flora y fauna; pasarán años para saberlo.
Hoy sabemos que no solo se trata de recursos económicos sino de una deficiente preparación y planeación para enfrentar catástrofes como la que actualmente se padece, potencializada por la sequía que ha convertido prados y montañas en combustible para el fuego.
No estamos preparados. Nunca lo hemos estado. Por documentales y películas se sabe que en países como EU y Canadá (por mencionar a este continente), que existen programas con guardabosques que vigilan permanentemente su vasto territorio pero en Oaxaca donde se ubica una de las reservas de la biósfera más importantes de América Latina, la Selva de los Chimalapas, no existen iniciativas gubernamentales serias que se puedan presumir.
Si las autoridades quisieran, podrían crear en medio de la selva en espacios adecuados torres de de vigilancia de combatientes, comuneros y personal de las dependencias federales o estatales bien preparados, con equipo de comunicación satelital, con tecnología adecuada, con acceso a un helicóptero, con todo lo necesario para detectar oportunamente cualquier indicio o conato de incendio para su reporte y sofocación oportuna, pero ¿a quién le interesa eso?, todos gustan de presumir sus logros en obras visibles, de relumbrón; ¡la selva qué!.
En la Sierra Juárez los pueblos están organizados para la preservación de sus bosques y para la explotación del ecoturismo cuidando del entorno, pero no cuentan con más equipo que la fuerza de sus manos y el amor a la naturaleza. Viven de los bosques, los cuidan y protegen pero no pueden ponerlo a salvo del fuego.
En la región nororiente del Istmo donde se ubica el llamado pulmón de México, la selva de los Chimalapas han sido devastadas miles de hectáreas de pastizales, selva baja y bosques de pino encino y ocote e incluso la impenetrable selva de niebla, de difícil acceso para el ser humano pero no para el fuego que arrasa inclemente.
No hay en las cabeceras de San Miguel ni de Santa María Chimalapa un programa municipal ni comunal con recursos etiquetados que garanticen al menos contar con las suficientes herramientas como picos, palas, machetes, motosierras, cuerdas y enseres adecuados para hacer frente a esta tragedia, los comuneros llevan lo que tienen, lo propio y hacen lo que ppueden ahora contando con el respaldo de la sociedad civil organizada o con iniciativas personales que les mandan víveres, agua e insumos.
Y es que tampoco existe un plan de emergencia para que los combatientes tengan asegurados siquiera el agua embotellada y las provisiones o reservas básicas para alimentarse durante el tiempo que duren los trabajos en la selva combatiendo el fuego. Es decir, no estamos preparados adecuadamente.
Los comuneros zoques llevan más de 70 años en la defensa de su territorio por la invasión de ejidatarios chiapanecos pero los incendios han devastado en pocos días mucho más que los invasores, talamontes y ganaderos en años. Hasta ahora ningún programa federal o estatal ha funcionado porque cuando el dinero aparece las buenas intenciones se esfuman y dividen opiniones.
Tampoco cuentan los zoques de Chimalapa con áreas para almacenar agua o depósitos donde abastecer los helibaldes para sofocar las llamas y tampoco hay reservas suficientes de turbosina para la operación de los helicópteros que facilita el gobierno federal y terminan sirviendo solo de transporte, para llevar y traer a los combatientes, perdiendo una importante oportunidad de salvar a la selva.
Es cuestión de recursos sí, pero sobre todo es cuestión de interés; hace falta un verdadero compromiso de las autoridades de los tres niveles de gobierno y también determinación de los dueños de las tierras con el medio ambiente, con el entorno, con el planeta para cambiar sus viejas prácticas de roza y quema que no pocas veces han sido causa del inicio de los incendios que después no se puede sofocar.
Cuidar del planeta es tarea de todos, pero quizás en el nuevo gobierno se logre que así como se vigila y cuida el territorio en el océano con naves de la SEMAR, también se protejan las selvas y bosques de la tierra y canalicen recursos millonarios como los usados para la adquisición de buques que brindarán servicio al turismo hacia la Isla María o las patrullas oceánicas para vigilar el territorio marino.
Ojalá el nuevo gobierno de Claudia Sheimbaum como científica y como mujer, sea más sensible hacia temas prioritarios que también reclaman atención urgente. ¡También es el tiempo de la madre tierra!











