Me reconozco indígena
Guadalupe Ríos
Cuando vemos a una persona de ojos claros, piel blanca, cabello rubio, vestida o vestido con ropa occidental, descartamos de inmediato que pueda ser indígena. Si la mujer trae algún traje o vestimenta tradicional incluso le puede preguntar de qué está disfrazada.
Será porque no han visto a hombres y mujeres del Istmo oaxaqueño con esos rasgos heredados de los conquistadores o de las familias que emigraron de Europa y Asia para asentarse en tierras istmeñas y en otras zonas del país.
En Juchitán, en Espinal, en Ixtaltepec, en Tehuantepec y Salina Cruz por mencionar algunos municipios del Istmo se asentaron familias migrantes de varios países y aquí echaron raíces.
Por ello hay mujeres y hombres que pese a su apariencia y de apellidos como Casab, Estefan, Murat, Mafud, Oshino, Naciff, Zaade, Couder, Habib, Cheng, Chiriaq sin negar el origen migrante de sus ancestros, muchos se reconocen como orgullosos miembros de la cultura indígena zapoteca, pues viven sus tradiciones, disfrutan su gastronomía, participan de sus actividades festivas o rituales comunitarios, hablan su lengua indígena y se identifican como tal, incluso sin hablarla.
En el Istmo oaxaqueño también hay pueblos donde los apellidos dicen muy poco del origen de la persona, ocurre por ejemplo en el pueblo ikoojt de San Mateo del Mar donde es común encontrar apellidos como Edison, Thompson, Burgoa, Gutemberg, Samaniego, Pinzón entre otros, pero no por herencia familiar, sino porque les fueron adjudicados a los pobladores indígenas por los frailes dominicos que se asentaron en la región buscando convertirlos al catolicismo.
Durante siglos, los pueblos indígenas que sobrevivieron a la conquista y que mantienen con orgullo su lengua y tradiciones, aun influenciadas por el catolicismo, han permanecido marginados del desarrollo y de la toma de decisiones, de los espacios de poder y representación política; pero la lucha que se ha dado por el reconocimiento de sus derechos a la par de la lucha por los derechos de las mujeres indígenas o grupos vulnerables, les han abierto espacios de representación popular en el ámbito estatal y federal.
Sin embargo la corrupción que existe entre algunas y algunos miembros de partidos políticos, instituciones y tribunales electorales, dirigentes de organizaciones y personalidades de gobierno de todos los niveles con intereses políticos, económicos, de poder o de alguna otra índole, han permitido que esos derechos alcanzados a golpe de sentencia y lucha de años, sean burlados.
Un solo caso sirve para ejemplificar lo que ocurre no solo en Oaxaca sino a lo largo y ancho del país según arrojó una investigación realizada por El Universal, que tras investigar los perfiles de 66 aspirantes a cargos de elección popular en el país encontró irregularidades en 11 casos, uno de ellos en la región del Istmo oaxaqueño.
Se trata de José Antonio Estefan Guillessen, quien ahora será más conocido por lo que hizo, que por su arraigo en la región de donde es originario.
El político, quien se ostenta como dirigente del Partido Verde Ecologista de México, (en su momento apéndice del PRI) es hijo del tehuantepecano -expriista y experredista- José Antonio Estefan Garfias, él sí con cierta ascendencia y conocido en Tehuantepec.
En su momento se cuestionó su candidatura por aprovecharse de un espacio destinado a un indígena, sin embargo los grupos indígenas, las autoridades electorales, los partidos políticos contrincantes y los legisladores nada hicieron por la evidente violación a la ley.
Lo que se ignoraba hasta ahora era que el joven diputado, (quien tiene derecho a autoadscribirse como indígena) se aprovechó de su poder político, pues acudió a un municipio donde gobernaba el partido que él dirigía, Santa María Xadani, al sur de Juchitán, para conseguir un documento apócrifo en el que se afirma que “prestó servicios comunitarios y cargos tradicionales” en ese pueblo .
La autoridad indígena de Santa María Xadani le otorgó ese poder a Estefan Guillessen -de origen libanés-, y el vocal de organización electoral del Distrito 07 del INE aceptó como válido el documento pero a sabiendas de la irregularidad que se cometía, solo hizo una nota marginal en la que asentó que se desconocía a qué comunidad indígena pertenecía quien ahora es Diputado Federal.
Seguramente no habrá sanción de autoridad alguna, nada va a pasar, ni en su caso ni en el de los otros diez que violaron la ley para alcanzar sus objetivos; pero lo menos que se esperaría de quien se dice ser indígena, es que promueva iniciativas de ley en favor de los pueblos indígenas.
No obstante parece que eso también será complicado, porque Guillesenn no tuvo siquiera interés por formar parte de la Comisión de Pueblos Indígenas y Afromexicanos en la Cámara de Diputados.
Más ha hecho la Senadora Susana Harp (también de ascendencia libanesa), por los pueblos indígenas, que el político favorecido por la alianza que el Partido Verde hizo con Morena y el PT y que lo llevó al Congreso Federal.








